Wayne Gardner: el salvaje de Wollongong

gardner (1) Wayne Gardner fue el piloto más valiente y correoso de 500 cc a finales de los años ‘80. Ahora, dos décadas después de su retirada se centra en convertir a sus dos hijos en futuros campeones en los GG.PP.

“Mi vida ha dado un completo giro”, dice con una sonrisa Wayne Gardner mientras contempla el Océano Pacífico desde su residencia en el norte de Sydney. «He vuelto al lugar en el que todo empezó para mí hace 30 años, pero a diferencia de los comienzos de mi carrera deportiva, ahora trabajo para mis dos hijos».

Wayne Gardner fue la primera súper estrella australiana de los GG.PP, el primer campeón del mundo de 500 cc de las antípodas en 1987. Nació en la ciudad industrial de Wollongong y llegó a la competición por casualidad, además de financiar sus primeros pasos con el dinero ganado en la construcción o trabajando en tiendas de motocicletas.

Las cosas son bien distintas ahora. Gardner le dedica al menos la mitad de la semana a ayudar a sus hijos Remy -13- y Luca -11-, en la dura tarea de lograr el éxito en las carreras de velocidad. Como miles de padres del mundo que dedican a esto su tiempo, Wayne hace lo que haga falta excepto pilotar la moto, además de ser patrocinador, jefe de equipo, mecánico y tutor de los pilotos.

Esta temporada será la primera de Remy en Europa, abandonando Sydney en compañía de su padre. Precisamente en España participará en el Campeonato Mediterráneo Metrakit 125 con un equipo de máxima solvencia como el de Monlau, mientras que de vuelta a Australia correrá en los campeonatos nacionales de «dirt track» y velocidad con el Team Gardner junto a su hermano Luca: «Disfruto mucho con este nuevo papel, aunque me pongo algo nervioso porque no quiero verles hacerse daño. Cada vez que se caen me duele en el corazón. En absoluto les empujo a hacerlo, sino más bien todo lo contrario.» gardner (4)

«Remy quiere ser piloto profesional y, de hecho, ya se ve sobre una 125 GP y más tarde con las 600 cc. La primera vez que lo probó volvió y me dijo: “Papá, ¡esto es increíble!”. Y ahora no quiere hacer otra cosa que correr en moto. Luca es un poco más joven y también se dedica a otras cosas, como tocar el piano y el didgeridu –instrumento de viento ancestral original de Australia-, además de jugar al baloncesto».

«Una semana normal es más o menos así: El lunes descargamos las motos del fin de semana para limpiarlas y guardarlas. Martes, miércoles y jueves los dedico a mis negocios y a organizar las competiciones. El viernes volvemos a cargar las motos para las carreras del fi n de semana. Pero este año será un poco diferente porque Remy y yo haremos diez viajes a Europa. Me encanta trabajar en las motos e intentar que sean más rápidas.

Tengo 30 años de experiencia que transmitir. Principalmente me dedico a trabajar en sus estilos de pilotaje, el enfoque y la mentalidad. Toni –la segunda esposa de Gardner–, se ocupa del cronometraje y de ayudar entre bastidores. Es un equipo familiar».

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Gardner está convencido de que Remy –quien corrió en Europa por primera vez durante el pasado octubre en Albacete sobre la Honda NSF 100–, tiene talento de verdad: «Cuando yo corría solía ser bastante exaltado, pero también bastante analítico. Cuando le observo en pista me impresiona mucho. Se concentra tanto que a cada momentorueda más rápido.

Tomamos la decisión de marchar a España porque la velocidad en ese país para los muchachos es un auténtico paraíso. Echa un vistazo al éxito de los españoles, sin duda es el camino que debemos seguir».

Los comienzos

El camino del propio Gardner en la competición sí que estuvo marcado por el azar: «Uno de mis amigos tenía un kart y yo le insistí a mi padre para que me consiguiera uno, así que cogió el motor de un cortacésped, soldó a una suerte de chasis y salimos a divertirnos». gardner (6)

«Yo solía recoger desechos de jardines locales o cogía trozos de cobre y latón de coches y camiones abandonados para venderlos y comprar gasolina. Un día, mirando entre los desechos, descubrimos una moto de campo semienterrada. Se la pedimos al dueño y nos cobraba cinco dólares por ella, así que fui a medias con mi amigo y nos llevamos la moto a casa.

Nuestros padres se encargaron de repararla y empezamos a montar en ella con 14 años de edad». «Después seguí insistiendo a mi padre para que me comprara una minimoto nueva en Navidad. Más tarde nos encontramos con un tipo que creía que debía participar en carreras, así que nos fuimos a algunos circuitos para hacer “dirt track” y era algo como: “¡Guau, qué divertido es todo esto!”.

Lo hice bien en “dirt track”, pero no había mayores ambiciones. Pero cuando tenía 17 años comencé a pensar en que tenía que haber algo más allá, así que creí que debía correr en velocidad». Gardner le puso neumáticos de asfalto a su Yamaha YZ 125 de «dirt track», atornilló un manillar bajo, varió el desarrollo del cambio, quitó el fi ltro de aire y preparó el resto de la moto para rodar durante un solo día en el circuito de Oran Park: «Después de dos vueltas mi motor gripó.

Yo había quitado el fi ltro de aire como hacían los pilotos de velocidad, pero no sabía que después había que carburarla». Sin embargo, aquel día no terminó siendo un completo desastre. Un valiente amigo le prestó al joven Gardner su Yamaha TZ 250: «Todavía recuerdo cómo entraba por primera vez en la recta, pensando en lo increíble y rápida que era aquella moto. Poco después batí el récord de la pista para noveles y supe que acababa de “engancharme” a ello».

Gardner consiguió rápidamente cierta reputación en Australia y se le apodó «el Salvaje de Wollongong» por su pavoroso y espectacular estilo de pilotaje. Era capaz de mirar a los ojos del peligro y hacerle un corte de mangas. En la temporada de 1980 Gardner estaba desesperado por unirse a la tribu de los rapidísimos pilotos australianos y neozelandeses que tan bien lo estaban haciendo en Europa.

gardner Gardner vio su mejor oportunidad ese año en las Swan Series, un campeonato australiano abierto que se celebraba durante el invierno europeo, y que siempre había atraído la atención en Japón y el Viejo Continente: «En la última carrera, en Sandon, Mamoru Moriwaki había venido buscando un nuevo piloto para correr en Daytona en la temporada siguiente.

Comenzó a llover antes de la carrera reservada a las “Unlimited” y yo sabía que sobre mojado podía hacer un buen resultado con la superbike frente a aquellas Yamaha TZ y Suzuki RG con motores de “dos tiempos”. Sólo había un problema. La moto de Gardner estaba cargada en el furgón del patrocinador y no tenía la llave del cierre: «Así que conseguí romper el cierre con un destornillador, llegar a parrilla, salir y ganar la carrera. Moriwaki quedó muy impresionado por aquello y unas semanas después me llamó para ir a Daytona».

Desde Daytona, Gardner saltó al Reino Unido, donde también causó sensación al vencer en su primera carrera a Ron Haslam –padre del actual piloto de BMW en SBK Leon Haslam–, y otros pilotos rápidos del momento. Pero esa temporada también tendría que lidiar con la pobreza, ocupando casas de amigos durante la semana y durmiendo en la parte trasera de un destartalado Austin Maxi durante los fi nes de semana de carreras.

En 1982 dominó la escena británica de la velocidad con el equipo Honda Britain antes de hacer su debut en el GP de Holanda de 1983, una salida que estuvo a punto de ser la última para nuestro protagonista. Nada más comenzar la carrera, el campeón en título de 500 cc Franco Uncini cayó delante de Gardner, no pudiendo éste evitar golpear la cabeza del italiano, que estuvo una semana en coma.

Gardner visitó a Uncini en el hospital, derramó muchas lágrimas y estuvo a punto de dejar de correr en moto: «Franco y yo somos amigos ahora», sonríe Gardner. Su primera victoria en un GP llegaría en 1986, al comienzo de su participación como piloto ofi cial de Honda Rothmans sobre la NSR 500 junto a Freddie Spencer.

Cuando los problemas del norteamericano comenzaron a ser patentes y terminaron acabando con su carrera, Gardner asumió el puesto de piloto número uno de HRC y el australiano le devolvió a Honda el preciado título mundial de 500 cc. Gardner venció en 18 GG.PP durante las siete temporadas que estuvo en activo, pero nunca más volvió a ganar el título. La carrera deportiva de «el Salvaje de Wollongong» estuvo siempre marcada por actuaciones gloriosas y caídas con huesos rotos.

Y la diferencia entre ambos desenlaces era a menudo demasiado pequeña. Podía estar descorchando el champán en el podio o retorciéndose en la clínica móvil del doctor Costa. Gardner logró su mejor victoria en Phillip Island en 1990, con un hueso escafoide roto y parte del carenado descolgado y rozando sobre el asfalto. gardner (5)

Realmente, el australiano siempre corrió con todo su corazón, más que Eddie Lawson o Michael Doohan: «Siempre sentí una gran emoción al correr», explica, «a veces me llevó a lograr cosas increíbles y otras me metió en graves problemas». Después de haber cumplido 51 años, Gardner todavía compite de forma ocasional.

En 2009 venció en el Classic Superbike australiano al manillar de una CB1000R de 1982, y también es uno de los favoritos y varias veces ganador del evento anual para clásicas Goodwood Revival. El primer campeón australiano de la clase reina lo hizo realmente bien.

No sólo corrió en los inicios de una generación que ha marcado una leyenda, en la que también estaban Lawson, Doohan, Rainey y Schwantz, sino también por el momento que vivía el propio deporte. Todo ocurrió durante la explosiva década de los ochenta, cuando el dinero del tabaco fluía libremente y en abundantes cantidades por los deportes de motor. Puedes estar seguro de que Gardner siempre estuvo muy bien pagado.

Al mismo tiempo, el deporte del motociclismo se ha adentrado en los últimos años en una espiral de tal profesionalidad, que el paddock que conoció Gardner todavía era un sitio divertido. Hace años los pilotos abstemios eran raros. Ahora lo inusual es ver a un piloto bebiendo alcohol: «Entonces era obligatorio beber unas cervezas el domingo por la noche, era como una válvula de escape. Teníamos que poder echarnos unas risas.

Ahora todo es más profesional y algunas cosas son definitivamente mucho mejores, pero hay otras que no tanto. Me pregunto si los pilotos de ahora realmente disfrutan y si todavía es posible divertirse. Algunos de ellos no parecen hacerlo en absoluto, pero seguro que es mejor que trabajar de nueve a cinco en una oficina. El resto del mundo se tiene que levantar a las 7 de la mañana cinco días a la semana y por eso intento mantener los pies de mis hijos en el suelo intentando explicarles qué es cada cosa». gardner (2)

«Durante mi carrera tuve momentos muy divertidos. Me encantaba ser piloto profesional, pero creo que mis mejores recuerdos vienen de cuando estábamos en la calle. Pero ahora no podrías hacer nada de aquello. El deporte ha cambiado y todo el mundo empieza desde mucho más joven. En este juego los días de hacer autostop, o dejar las cosas al azar, ya han pasado». Ser un padre que apoya a sus hijos en los primeros pasos de sus carreras no es algo extraño hoy en día, porque las oportunidades de triunfar son claramente menores si no dispones desde joven de la ayuda de tus padres.

Pero Gardner también se dedica a tareas menos habituales. Tiene un asiento en el Consejo de Seguridad del Tráfico en Australia y visita el parlamento varias veces al año en Canberra para informar al ministro de Transporte del Gobierno.

La ironía no se le escapa a quien fuera en sus años más jóvenes un piloto arriesgado y bastante irresponsable, más bien una amenaza para las carreteras: «Es divertido pensar que un “quemado” de Wollongong haya terminado ¡sentado en el Parlamento!», reconoce Gardner con una sonada carcajada.

«Es un honor y algo muy interesante, pero por lo que he visto te aseguro de que no me meteré a político a tiempo completo». Desde luego, Gardner va a estar muy ocupado en los próximos años intentando impulsar a sus hijos por la senda hacia la gloria en las carreras.

Mat Oxley
Fotos: Gold and Goose
Adaptación: Venancio Luis Nieto

El éxito del trabajo

Doohan (2) Después de recuperarse de una terrible lesión, Mick Doohan dominó con mano de hierro los GG.PP durante la segunda mitad de los años 90. Actualmente, el australiano emplea la misma perseverancia en el mundo de los negocios.

Ningún piloto ha competido con la determinación e intensidad de Michael Doohan. El hombre que había dominado la cilindrada de 500 cc en los años previos al reinado de Doohan, el norteamericano Wayne Rainey, no le iba precisamente a la zaga en ese sentido, pero indudablemente Doohan tenía algo más.

La filosofía de Doohan durante su hegemonía en las carreras siempre se guió por el ataque rápido y demoledor a sus adversarios, algo así como «pega tan rápido y fuerte a tu rival que ni siquiera piense en la posibilidad de volver a levantarse».

Su dedicación era tal, que pasaba las temporadas completas con la mente enfocada en la competición, excluyendo de su pensamiento cualquier otra cosa. Incluso cuando no estaba en el circuito, el 90 por ciento del tiempo lo pasaba pensando en las carreras: «Todo aquello me hizo un capullo bastante aburrido», nos confiesa el propio Doohan con una abierta sonrisa.

Su carrera

El resultado de ese «aburrimiento » fueron 54 victorias y cinco títulos mundiales consecutivos en la categoría de 500. Sólo Giacomo Agostini y Valentino Rossi han tenido mayor éxito que Doohan en la historia de la categoría reina del campeonato del mundo. Doohan

Pero las cifras de Doohan también hubieran sido mayores incluso si no hubiera sufrido las terroríficas lesiones a las que se enfrentó cuando lideraba más que holgadamente la clasificación del campeonato en 1992, y que casi le cuestan la amputación de la pierna derecha. Afectada por una gangrena sólo fue salvada después de que el doctor Costa inmovilizase ambas extremidades juntas durante semanas para regenerar los tejidos de la pierna afectada.

El retorno de Doohan de semejante lucha contra la adversidad para ganar cinco títulos mundiales está, sin duda, entre las mayores gestas de la historia de cualquier deporte. La mayoría de los pilotos se habría retirado después de sufrir un trauma semejante, y seguramente ninguno lo habría podido superar psicológicamente como Doohan lo hizo. En los meses siguientes al accidente entrenó tan duro que se volvió a doblar como un plátano tibia y peroné, pero ni siquiera eso impidió que comenzase a tiempo la temporada de 1993.

Y cuando se dio cuenta de que su tobillo rígido le impedía accionar la palanca de freno, simplemente comenzó a usar un sistema alternativo con una leva bajo la maneta del embrague que accionaba con el dedo pulgar: «Fueron tiempos difíciles», nos cuenta Doohan con su típica y eufemística forma de expresarse. «No quise perder tiempo esperando a recuperarme porque sabía que cuanto más tardase en volver a subirme a la moto, más difícil sería hacerlo. Pero hubo momentos en los que pensé que no lo conseguiría.

En el ‘93 todavía estaba aprendiendo a llevar la moto con la falta de movimiento en el tobillo. Me tenía que encaramar a ella de forma distinta y tuve que acostumbrarme a la palanca de freno en el pulgar. Pero conseguí un par de buenos resultados y eso reforzó mi creencia de que podría volver a ser un piloto fuerte otra vez». Doohan (1)

Doohan ganó su primer título en 1994 y repitió de forma consecutiva en el ‘95, ‘96, ‘97 y ‘98. El tobillo derecho de Doohan permanece soldado y sin movimiento, camina cojeando y conserva horrorosas cicatrices que más bien parecen ser producto del ataque de un tiburón. Pero nunca ha dejado el menor espacio a la autocompasión: «Siempre supe que todo esto podía pasar», confiesa Doohan con franqueza, «pero sólo te tienes a ti para culparte de lo que ocurra y a los demás les da igual, así que tienes que tener claro todo eso».

La resistencia de Doohan al dolor ha llegado a ser legendaria. Cuando se rompió un dedo durante los entrenamientos del GP de Alemania en 1995, rechazó la infiltración y volvió a pista para hacerse con la «pole»: «No me gustan los analgésicos», dijo simplemente al respecto entonces.

La retirada

Con todo esto puedes pensar que Doohan es Superman, pero en realidad nadie lo es. Durante los entrenamientos del GP de España de 1999, siendo campeón invicto de las cinco últimas temporadas, sufrió un último y brutal accidente en la curva tres de Jerez, del que salió con otra pierna rota e importantes daños en los nervios del brazo izquierdo, además de una larga lista de lesiones: «Todavía quería volver de nuevo después de aquello, pero cuando empezó a quedar claro que no podría correr otra temporada al máximo nivel, supe que era el momento de dejarlo. Ya tenía sufi ciente».

Doohan (3) Como le ocurre a la mayoría de los pilotos a Doohan le costó adaptar su vida a un ritmo normal sin el «chute» de adrenalina semanal que suponía el diabólico empuje del motor de «dos tiempos» de la Honda NSR 500, pero también lo consiguió: «Al principio volví a disfrutar de la tranquilidad de vivir en la playa como había hecho antes de ser piloto profesional, pero no podía quedarme quieto».

Algo más de una década después de la caída en Jerez que acabó con su carrera, Doohan se motiva dirigiendo su propia compañía de aviones privados para estrellas del rock, celebridades y magnates que viajan a diario alrededor del mundo. Su empresa, Global Jets, cuenta con Sting, Guns ‘n’ Roses o Linkin Park entre su exclusiva lista de clientes.

Al igual que otros pilotos legendarios, Doohan podría vivir de las rentas de su éxito en los circuitos, pero en lugar de ello se lanzó a un nuevo y competitivo mundo, donde su nombre no tenía ninguna relevancia, con la misma voluntad que siempre tuvo como piloto.

Los negocios

Doohan no es el primer campeón del mundo que se mete en el mundo de los negocios. Muchos pilotos han invertido sus fortunas en valientes aventuras empresariales sólo para descubrir que su talento para pilotar a 250 km/h no tenía ninguna utilidad en el mundo de los negocios. Otros confiaron sus ganancias a encantadores asesores económicos que terminaron esfumándose misteriosamente. Doohan (6)

De una forma u otra, el resultado fue el mismo. El dinero desapareció y con él sus esperanzas de disfrutar de un retiro de lujo. Doohan tiene un carácter diferente: No busca un desahogado retiro, sino más victorias y éxito. Todavía disfruta del placer de «matar» y persigue mejorar en su nueva vida como lo hacía cuando competía.

La compañía de aviones privados tiene su sede en el aeropuerto de la Gold Coast y funciona con precisión militar. El hangar está tan limpio como el salón de su casa en un inmaculado espacio con el suelo pintado de blanco sobre el que descansan dos aeronaves de valor incalculable para una persona normal.

Aparte de este negocio es propietario al 50 por ciento de un local nocturno llamado «The Cat House» en Las Vegas y también mantiene otras inversiones. Cuando Doohan corría se exigía un total compromiso. Esperaba lo mismo de las personas que le rodeaban y eso no ha cambiado con el tiempo. Doohan nunca fue un piloto con el que fuera fácil trabajar y tampoco es el mejor jefe, aunque su antiguo mecánico Dickie Smart todavía trabaja con él en Global Jet, así que Doohan no debe ser tan malo después de todo.

Doohan (4) No hay duda de que Smart sabe que un mal jefe no consigue buenos resultados, como un mal piloto tampoco logra éxito alguno: «Hablemos de carreras o negocios, la mecánica es la misma», nos cuenta Doohan. «Se trata de seguir una disciplina para llevarte adonde quieres estar, de forma que puedas lograr el resultado final sin demasiados contratiempos. Intento hacer todo con la máxima simpleza, cuidando al máximo los detalles y siguiendo una pauta concreta. Las cosas no siempre salen como esperas, pero de eso también aprendes. Los negocios son como las motos, aprendes a base de golpes».

Por supuesto, desde el punto de vista del dueño de una compañía de aviación, Doohan habla en tono metafórico. El australiano cometió unos cuantos errores durante su carrera deportiva, no más que la mayoría y desde luego bastantes menos que muchos otros: «Todavía me sigues “llorando” con eso de que me caía demasiado», me dice Michael mientras me atraviesa con una de sus fulminantes miradas –Nota del traductor: Michael Doohan y Mat Oxley se conocen desde hace más de 20 años.

Oxley también es autor del libro «El Trueno de las Antípodas», la biografía de Doohan–. «Pero durante mi carrera», continúa Doohan, «me caí en 28 ocasiones y hay pilotos que se caen las mismas veces durante una sola temporada. No creo que me cayera en exceso, pero cuando lo hice, lo hice de verdad». Este no es el primer latigazo verbal que recibo de Doohan ni probablemente el último, ya que también le he visto dar muchos «toques de atención» a unos cuantos periodistas más.

Durante los años que dominó con mano de hierro en la clase reina del mundial, Doohan era tan temido por los pilotos como por los periodistas. Uno de los antiguos miembros de su equipo me confesó en una ocasión que: «Doohan no estaba feliz hasta que hacía a sus rivales sentirse miserables».

En otras palabras, Michael quería destrozar a sus adversarios y nunca ganaba una carrera con dos segundos de ventaja si podía ganarla con más de diez. Nunca elegía el camino fácil para asegurarse de que sus rivales en parrilla abandonasen cualquier esperanza de victoria.

Doohan (5) Doohan niega la sugerencia de que quisiera hacer sentir miserable a rivales como Max Biaggi u otros pretendientes a su corona. Más bien cree que su forma de actuar en el paddock era simplemente su manera de afrontar la presión: «Sólo era mi forma de competir. Había mucha presión y mi humor no estaba para tonterías. Creo que mucha gente lo entendió de la forma equivocada. No se trataba de aplastar a los demás. Ésa era simplemente mi forma de competir».

Pero lo cierto es que les aplastó a conciencia, trasformando la presión que él sentía en presión para el resto de sus rivales: «Cuando corres estás bajo presión, pero hay personas que no saben sobrellevarla. Te pueden ganar una vez o dos, pero terminarán desfalleciendo. Yo descubrí que la presión para mantenerte en lo más alto es mayor que la presión por ganar el título. Cada año tenía que dar el máximo y ser mejor que cualquier otro, y cada año el máximo significaba un poco más porque mis rivales también aumentaban su nivel. Eso llegó a obsesionarme e hizo que mi mentalidad se enfocase a un solo objetivo.

No hay muchos pilotos que puedan mantener esa mentalidad durante más de 10 años. He hablado con muchos atletas de diferentes deportes y reconocen que conseguirlo es realmente difícil porque consume una gran parte de tu vida. Estoy seguro de que Valentino Rossi debe estar sintiendo lo mismo en este momento. Va a comenzar su duodécima temporada en la categoría máxima y esa cuestión debe rondar su mente. Sólo tiene 32 años, pero se está encontrando con ello».

Cambiando de tema, a Doohan le pagaron realmente bien por el trabajo que hizo. Fue el primer piloto de la historia en conseguir un sueldo de ocho cifras y el primero en poseer un avión privado. Y le pagaron todo eso porque no había otro piloto que pudiera arrebatarle el título de 500 cc. Incluso ahora ningún piloto de MotoGP, excepto Rossi, cobra más que Doohan entonces. «Creo que gané lo que tenía que ganar y no decepcioné a nadie», apunta con su especial forma de expresarse.

Doohan vive ahora con su esposa Selina y sus dos hijos Allexis y Jack en una esplendorosa mansión desde la que se contempla el océano al norte de Surfer’s Paradise, donde a principios de la década de 1980 comenzó su carrera deportiva con una humilde Yamaha RD 250 LC. Pero considerando lo que tuvo que superar y lo que logró durante su carrera deportiva, puedes estar seguro de que se merece todo ello.

Casey Stoner: un hombre tranquilo

stoner (2) Casey Stoner, Campeón del Mundo de MotoGP en 2007, es en el fondo una persona campechana. Cuando no está compitiendo, es feliz cazando o pescando en su tierra natal. Lo que aún queda por saber es si en su primera temporada en el equipo oficial será liebre o cazador.

Todo el mundo necesita cierto equilibrio en su vida. El trabajo de Casey Stoner se compone básicamente de velocidad, estrés y alta tecnología, así que cuando sale de los circuitos su estilo de vida en el tiempo libre se dirige más bien hacia lo contrario. Continue reading

Carl Fogarty: Pez grande en la charca pequeña

Carl Fogarty es la gran referencia del Mundial de SBK. Casi una década después de su retirada sigue siendo el hombre-récord de la categoría. Podía haber sido uno de los mejores en los Grandes Premios, pero prefirió quedarse en SBK a medirse con las estrellas de 500.

Carl Fogarty

Carl Fogarty

A menudo nos encontramos con muchos interrogantes en la carrera deportiva de un piloto, preguntas sin respuesta porque no se puede volver el tiempo atrás. Carl Fogarty es un piloto, excepcional sin duda, sobre el que pende una gran duda: ¿qué hubiera sido capaz de hacer en los Grandes Premios? Fogarty es el mejor piloto del Mundial de Superbike, es el hombre-récord del campeonato, el que más títulos y más carreras ha ganado en las 21 temporadas disputadas hasta el momento, pero “Foggy” nunca llegó a disputar una temporada completa en 500, y en sus escasas participaciones nunca dispuso de un material acorde a su nivel. Por eso muchos hablaron de él como un pez grande en una charca pequeña. Continue reading

Greg Hansford: El antidivo

Gregg Hansford fue uno de los mejores pilotos que ha dado Australia, pero diversas circunstancias impidieron que pudiera llegar a triunfar en el Mundial de Velocidad. Su trágica pérdida en una competición automovilística, acrecentó aún más su extraordinaria leyenda.

Gregg Hansford

Hansford fue uno de esos talentos innatos que hacía todo con una naturalidad difícil de encontrar. Su imagen impresionante, alto, rubio y atractivo, con buena planta y un carácter noble y apacible, le hicieron fácilmente distinguible dentro del “paddock”; pero Hansford nunca llegó a ser una superestrella. Él encajaba más bien en el rol del “antidivo”, aunque su personalidad se transformaba una vez que salía a pista.

Desde muy joven se inició en las carreras de motos, y en general siempre se sintió atraído por el mundo del motor. Empezó a correr en 1971, con 19 años, y enseguida se hizo un hueco en las competiciones de gran cilindrada en Australia. Fue contemporáneo de algunos reconocidos nombres de la época, como Warren Willing, destacado piloto de los ’70 que ganó fama posteriormente como técnico en el Team Roberts y en KTM. Hansford, Willing y Toombs formaron una amigable cuadrilla que compartían sus aventuras en las carreras y rivalizaban en cada pista por la victoria.

En 1973 Hansford ganó su primer título australiano, al conseguir la victoria en la categoría “Unlimited” -que venía a ser algo así como “Fuerza Libre” en España, una categoría en la que se podía correr con cualquier tipo de moto, sin límites-. Hansford corría con una Kawasaki H2R, una tricilíndrica “dos tiempos” de aire, de 750 cc, con la que la marca japonesa tuvo notable éxito en Estados Unidos y Australia. Ese resultado le animó a probar con la aventura americana, y junto a Willing y Toombs viajó a Daytona para correr las 200 Millas, con una Yamaha TZ 700. Esa temporada no fue nada fácil, pero siguió logrando buenos resultados, e incluso decidió abrir su propio negocio, una tienda de motos. Las cosas le llegaron rodadas, y poco después de poner en marcha su tienda, ésta pasó a un segundo plano porque recibió una oferta de Kawasaki para ser piloto oficial de la marca. Continue reading

John Kocinski: A la sombra de los más grandes

John Kocinski

John Kocinski

John Kocinski fue un piloto extraordinario, un talento precoz, un gran campeón, pero tuvo la desgracia de coincidir con una generación de corredores excepcionales que ensombrecieron su carrera deportiva y terminaron por convertirle en un actor secundario.

La vida de John Kocinski no fue muy diferente de lo que puede ser ahora la de cualquier muchacho que se inicia en las carreras. Lo excepcional es que hace 25 años no era muy habitual encontrarse con un niño seudo adolescente mezclado en el ambiente profesional de las competiciones norteamericanas. John Kocinski nació en Little Rock, una pequeña ciudad del estado de Arkansas, en el interior de Estados Unidos.

La afición de su padre hizo que se subiera a una moto a los cuatro años de edad, y no tardó en medirse con niños de su edad en carreras de motocross con una Kawasaki KX 75, con la que no tardaría en ganar carreras. Estuvo compitiendo en motocross infantiles y juveniles hasta los 12 años, y en 1981, con sólo trece, se metió por primera vez en un circuito de velocidad. Desde entonces, ya no abandonaría el asfalto. Continue reading

Norick Abe: Tormenta de abril

Pocas carreras se recuerdan con tanta nitidez después del paso de los años como aquella que marcó el debut de Norifumi Abe en el Mundial de 500. En aquel Gran Premio de Japón de 1994 descubrimos a un piloto que terminó cautivándonos con el paso de los años.

Norick Abe

Norick Abe

Norifumi Abe, Norick, como terminamos llamándole todos de manera muy familiar, fue uno de esos talentos que, por las circunstancias que sean, no terminaron de triunfar en el campeonato. Pero a pesar de que Abe no fuera un gran campeón, y valentía en la pista y su forma de ser le convirtieron en una persona querida y admirada por todos. Aquella melena sacudida al viento en Suzuka, en 1994, mientras, sin el menor complejo, le disputaba el liderato de la carrera en su debut en el Mundial de 500 a Kevin Schwantz y Mick Doohan, lo recordamos todavía hoy con una nitidez y claridad como pocas cosas. Por más que pasen los años, Suzuka ’94 es un recuerdo imborrable. Y el desenlace brutal, aquella caída a final de recta, fue un remate impresionante a una carrera sensacional. Lo de menos fue el final, aquella caída. Poco importaba ese final, porque Abe había conseguido atraparnos a todos.

Sus comienzos

Norick había nacido en Tokio en 1975 en el seno de una familia dedicada al deporte. Su padre era piloto automovilista, y su madre golfista profesional. Con cinco años ya estaba rodando en moto, y a los doce ya hizo su primera carrera de minimotos. Su participación en competiciones fue más frecuente cuando su padre comprobó que Abe iba cada vez más rápido. Así, con sólo quince años, viajó a California para trabajar con Kenny Roberts Junior en el rancho de «King» Kenny, en Modesto, practicando motocross y «dirt track». Estuvo corriendo en Estados Unidos hasta que cumplió los 16 años, la edad mínima exigida en Japón para poder competir en velocidad.

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Ricardo Tormo: Corazón de León

En una época en la que Ángel Nieto era todo el motociclismo español, hubo un piloto, Ricardo Tormo, que puso en duda la superioridad del “doce más uno”. Y no sólo eso. Tormo simbolizó el esfuerzo de superación que, en no pocas ocasiones, terminó culminando en éxitos.

Ricardo Tormo

Ricardo Tormo fue una referencia y un ejemplo para todos los deportistas. La historia de este voluntarioso valenciano, de una terquedad noble, llena de razón, le marcó de por vida y fue un símbolo de su carácter. Este Ricardo Corazón de León del motociclismo español fue un piloto inolvidable. Salió de la nada, de la inagotable cantera valencia, de un motociclismo que cada fin de semana salpicaba el calendario de carreras con sus trofeos de fiestas por cualquier rincón de las tres provincias valencianas, Castellón, Valencia y Alicante, pero también por Albacete y Murcia, componiendo un pequeño cosmos motociclista en el que Tormo echó a andar.

De niño, Ricardo vivió cerca del ambiente de las motos, porque su tío Pascual poseía un pequeño y modesto taller mecánico, pero las motos no eran su principal anhelo. Le atraía la mecánica, pero no la competición. Comenzó aficionándose al ciclismo, hasta que una mala caída (sin graves consecuencias, pero sí muy dolorosa), le hizo renegar de la bici. La vendió, y con los cuatro duros que se sacó se compró una Ducson 49 de tres velocidades, oxidada y cochambrosa; empleó todo su talento en ponerla a punto.

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Jordi Tarrés: Reinventó el trial

Jordi Tarrés reinventó el trial. Cosechó nada menos que siete títulos de Campeón del Mundo, un hito sólo igualado, de momento, por Dougie Lampkin… Pero el mérito de Tarrés fue el de incorporar una nueva forma de hacer trial, directamente importada del mundo del trial en bicicleta y donde los movimientos en parado y la espectacularidad fueron las señas de identidad.

Jordi Tarrés

Jordi Tarrés

Los inicios

“Antes de empezar a correr, entrenaba con mi hermano y un piloto oficial de Bultaco, pero yo no les hacía mucho caso e iba muy a mi aire.”
“Desde muy pequeño el trial era algo que me gustaba mucho. Muy cerca de mi casa se disputaba una prueba del mundial, y un vecino mío, Pepitu Casademunt era piloto oficial de Bultaco, y yo veía que le facilitaban motos, recambio, le veía entrenar, y todo aquel mundo me atraía una barbaridad. Mi hermano también hacía trial, pero yo empecé con la bicicleta, porque no habían otros medios. Primero me transformaba yo mismo las bicis para convertirlas en bicis de trial, para más tarde poder comprarme una Montesita de trialsin. Pasé tres años corriendo en bici, y gracias a la ayuda de Trueba pude comprarme mi primera moto, con la que empecé a entrenar con mi hermano Francesc y Casademunt, aunque yo iba muy a mi aire. De esta forma, en mi primera carrera ya lo hice bastante bien y la gente se fijó en mí.
En 1983 disputé un par de pruebas junior y en 1984 ya participé en el nacional absoluto, ganando incluso una carrera. Fue también la época en que decidí dedicarme a fondo en esto, dejando de trabajar y buscándome la vida como podía.
Quemé las etapas muy rápido, porque empecé un poco tarde, sobre todo comparado con los chavales de ahora, y al año siguiente ya estaba participando en el Mundial con la ayuda de Pere Ollé, a excepción de las carreras de USA y Canadá, y aun así acabé el once.
Al año siguiente, en 1986 logré acabar cuarto, y ahí ya se me empezaron a abrir puertas en forma de ayudas y apoyos para encarrilar mi carrera. Los principios los recuerdo muy duros, viajando y durmiendo en una furgoneta, con la familia de Riccardo Bosi, mecánico de Beta que ahora asiste a Kuroyama, pero no puedo decir que lo pasara mal ni mucho menos, porque hacía lo que me gustaba.”

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Gary Hocking: Una estrella fugaz

Perdido en la ya amplia lista de campeones se encuentra el nombre de Gary Hocking, pero este rodesiano debe recordado por su talento, sus numerosos éxitos, y la nobleza que le impulsó a dejarlo todo cuando estaba en la cumbre de este deporte, por el dolor de un amigo perdido.

Gary Hocking

Gary Hocking

Los que conocieron a Gary Hocking hablan de él como un tremendo competidor. En todo. Pero también reconocen en su figura a una persona sensible y fiel, capaz de dejarlo todo por un amigo. Por encima de sus éxitos deportivos, que no son pocos -dos campeonatos del mundo, cuatro subcampeonatos y 19 victorias en GP, en poco más de cuatro temporadas-, Hocking es recordado por todos por el gesto que le llevó a dejar el Mundial, cuando estaba situado en la cumbre del campeonato, incapaz de soportar el dolor de la ausencia de un amigo fallecido: Tom Phillis.

Un humilde comienzo

Inglés de nacimiento, la familia Hocking emigró a Rodesia (hoy Zimbawe) siendo él muy niño, una situación similar a la vivida por Jim Redman, y una vez establecida su familia en Rodesia adquirieron esa nacionalidad.
Hocking vivía en Bulawayo, y curiosamente allí coincidió con otro joven rodesiano con el que trabaría una profunda amistad: Nobby Clark, que se convertiría en el andar de los años en un prestigioso mecánico que trabajó primero con Hocking y posteriormente con Hailwood en Honda, Agostini en MV Agusta, y culminó su carrera profesional con Roberts en Yamaha.

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